Doma Vaquera

Una manifestación más de las costumbres y tradiciones andaluzas es la manera tan especial y singular de domar los caballos y montarlos; es lo que se denomina doma andaluza o, desde 1978, doma vaquera. Esta manera única en el mundo de montar caballos de tamaño mediano, pegados a tierra pero con buenos riñones y extremidades ágiles, la jaca en la mano del jinete y siempre reunida, alerta a la más leve ayuda del vaquero para ejecutar el movimiento que se le pide sin protestar, con sumisión y equilibrio, es la pervivencia de una forma peculiar de montar, la jineta.

Historia de la Doma VaqueraLa monta a la jineta era la que efectuaban los jinetes íberos por esta zona del Guadalquivir y por los cartagineses, sobre sus pequeños pero briosos caballos bereberes que fueron conformando al caballo andaluz, acostumbrados a luchar contra el enemigo arreando, templando, parando y dando media vuelta para que los persiguieran y de nuevo, cuando los jinetes contrarios estaban confiados, volver a templar, girar, arrear y atacar por sorpresa. La diferencia de este tipo de monta con respecto a la equitación a la brida que desembocaría en la equitación clásica, estriba tanto en la silla –siendo la montura de la jineta similar a las árabes y a las vaqueras– llevando las piernas recogidas, como en los estribos, siendo estos en la jineta de amplia base y parecidos a los que utiliza el vaquero. Así montaban también los vaqueros del Bajo Guadalquivir y los que por las cañadas reales transportaban manadas de toros bravos de un lugar a otro de nuestra tierra para alimentarlos con nuevos pastos. Así montaban los garrochistas que por los caminos de herradura llevaban las reses hacia las ciudades donde se celebraban fiestas de toros. Así montan actualmente los vaqueros que trabajan con el ganado, vigilando las reses, trasladándolas, tenteando a los becerros para comprobar su bravura acosándolos y derribándolos. Vaqueros que trabajan montados gran número de horas encima de las jacas, sobre monturas que son sillones para ir más cómodos, aunque no estén perfectamente adaptadas a los caballos, y siempre atentos y alerta, al igual que la jaca. Para ello se necesitan caballos de mediana alzada (aunque hoy se están introduciendo caballos centroeuropeos de gran altura, buscando la potencia de sus posteriores), rápidos y ágiles, nobles y potentes, capaces de reaccionar prestos a las ayudas del jinetes, sin descomponerse, siempre reunidos, y con la suficiente fuerza e impulsión para rodearse y seguir galopando y arreando. Este caballo, más bien jaca, tan completo, con tal grado de docilidad, fuerza, rapidez, valentía y genio ha sido un animal que nunca ha presumido de pureza de sangre ni de raza pero que le ha dado a la doma vaquera el sello de la belleza y sobriedad característicos de estos trabajos; es el llamado caballo cruzado.

Y así montan los jinetes que conservan esta tradición de trabajo en el campo y que compiten en el cuadrilongo ante un becerro bravo ficticio sobre una jaca perfectamente domada y sometida. Son los jinetes de doma vaquera, los mantenedores de esta costumbre que aún hoy son capaces de trabajar en el campo con las vacas y toros bravos en el acoso y derribo sobre los mismos caballos que presentan a los concursos.

                                                                     

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